Retro Comics VI: OMAC

Si leyeron mis otras columnas conocerán mi adoración por el gran John Byrne, su “Man of steel” sigue siendo uno de mis cómics favoritos y el que considero culpable por mi fanatismo por los cómics. Este prolífico dibujante y guionista tuvo muchos puntos altos en su carrera, pero siempre secundado por un grupo de personas que lo “acompañaron”, los indispensables entintadores, coloristas, letristas y algunas veces otros guionistas.

Por @Rofedg

En Estados Unidos, a diferencia de Europa o Japón, los cómics se hacen en etapas y cada uno cumple una función. El guionista por un lado le da el guión al dibujante. Este hace los lápices y se los entrega al entintador; Cuando este termina le entrega las páginas entintadas al colorista, después una persona (o empresa) se encarga de agregar los textos, títulos, onomatopeyas, etc. y recién en ese momento el comic pasa a la editorial.

En Europa, por ejemplo, todo eso lo hace una sola persona generalmente, o la historia la escribe una persona y después el “artista” se encarga del resto. Esto nos crea la incógnita: “¿Qué porcentaje del éxito de un comic, si es que lo logra, lo tiene el guionista, el dibujante o el resto de las personas que trabajaron ahí?”; ¿Si el guión es muy bueno, pero los dibujos muy malos, puede funcionar? ¿Y si es al revés, con un guión flojo pero el arte espectacular?, ¿Si el guión es más o menos, el dibujante también pero el entintador hace desastres (Como el famoso caso del entintador de Jack Kirby) o el colorista no deja las páginas como debería?… Pero hay excepciones en la gran industria del comic de Estados Unidos, cada tanto sale a la venta una joyita “de autor” que salta todo eso y un solo profesional se encarga de todo o por lo menos de la gran mayoría, logrando que el resultado final sea exactamente como lo había pensado.

Uno de esos comics es OMAC, de John Byrne. OMAC (One Man Army Corp), nació como personaje allá por el 70 y pico de la mano del rey Jack Kirby, que había cruzado de vereda dejando Marvel un tiempo atrás. Buddy Blank, ese es el nombre del personaje cuando no es OMAC, había sido seleccionado para formar parte de un experimento: Ser el héroe definitivo del mundo (Cualquier parecido con el Capitán América NO es pura coincidencia). Todas las historias se desarrollaban en el futuro lejano y no interactuaba con ningún otro héroe conocido.

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La particularidad del personaje, además de su característica cresta, era que en el espacio, un satélite llamado “Brother eye” (Hermano ojo) cumplía la función de soporte de Buddy Blank/OMAC, no solo enviándole información sino también curándolo o directamente transformándolo en otro ser. La serie original, según los eruditos del cómic, no sobrevivió por mucho tiempo porque los guiones (escritos por el propio Kirby) eran muy infantiles, repetitivos y carentes de gracia. Dos décadas después un reconocido admirador de Kirby, John Byrne, iba a seguir sus pasos casi de forma idéntica: Luego de un rotundo éxito en Marvel se iba a cruzar de vereda y le iban a encargar a uno de los personajes icono del cómic mundial: Superman. También iba a ser criticado por sus guiones y le iban a dar un “cheque en blanco” para que haga el personaje/serie que quiera ya que su nombre era sinónimo de ventas y seguidores. Byrne, luego de su magnífico “Man of Steel” y otras series tenía el visto bueno para desarrollar una edición prestige del personaje que más le guste y teniendo control total tanto del guión como del arte. En pocas palabras, le dijeron “Hacé lo que quieras, total sabemos que se va a vender bien” (John en una entrevista dijo que él tenía una legión de 50.000 seguidores que compraban siempre sus títulos, así que no importaba la editorial, la serie o el personaje, él aseguraba que como mínimo vendía 50.000 ejemplares). El personaje que eligió fue OMAC, y lo hizo con la intención de continuar de cierta manera lo que había dejado inconcluso Kirby, atar algunos cabos y rendir homenaje a su gran maestro (además de tocar uno de sus temas favoritos: ¡VIAJES EN EL TIEMPO!)

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El “OMAC de Byrne” nos introduce al personaje luchando en el futuro, su época y viajando al pasado (a Nueva York en la década del 30, en plena depresión) por una razón que no voy a comentar para que el cómic tenga más gracia para el que no lo leyó. En los 4 números de esta miniserie Byrne se da todos los gustos, se explaya con increíbles fondos detallados, personajes muy variados, grandes expresiones que transmiten mucho, diálogos geniales y una historia que te tiene atrapado hasta la última página. Todo esto lo hace el solito. Que el cómic sea blanco y negro suma más de lo que resta, y destaca a la décima potencia su arte ya que muchas veces el color “tapa” errores de dibujos y le termina de dar vida a los personajes. Cuando las páginas son sólo blanco y negro (con tramas muy bien aplicadas) el estudio y elaboración de las mismas son más complejas de realizar. El primer libro lo protagoniza Buddy Blank, que tiene un papel importante, más que en el original y sirve para enriquecer al OMAC en el que se transformará más adelante.

OMAC 1

Punto aparte para las escenas de acción: INCREÍBLES. Así de sencillo. OMAC luchando contra un piloto nazi en pleno vuelo… sin palabras.

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Para algunos críticos este comic fue hecho cuando John Byrne ya había entrado en un “declive artístico” al que había llegado unos años antes, pero para mi este comic ES John Byrne. No solo porque se encarga de todo y toma el riesgo de hacerlo en blanco y negro, sino que había llegado al punto exacto entre resumen y detallismo.   

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Para finalizar solo me queda recomendar la mini-serie y destacar que, por lo menos para mi, Byrne tomó un personaje “medio pelo” y lo elevó al nivel de cualquier héroe de DC, pero que nadie más pudo manejar porque su hábitat natural era el futuro lejano y no tenía interacción con otros héroes, y cuando se lo utilizó se hicieron desastres (Por ejemplo Paul Pope en el 2005 o el increíblemente horroroso “OMAC: Omactivate” de 2011 de la mano de Didio y Giffen intentando emular el arte de Kirby, transformando a OMAC en una especie de Hulk enchufado a 220v).

Lean el OMAC de Byrne y después me cuentan.

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