[Review] Marvel’s Iron Fist

Por Gonza Solanot - 22 marzo, 2017

Rodeada de polémica y azotada por la crítica, ¿acaso vale la pena esta pelea, Danny?

Y llegó el último Defender que faltaba, Danny Rand. Después de un recibimiento tibio para Luke Cage, Marvel´s Iron Fist es la siguiente apuesta unitaria de Netflix y Marvel para desembarcar a otro héroe dentro de la pantalla chica. Desde los momentos previos al estreno estuvo repleta de polémica, críticas por no castear a un actor asiático en el rol protagónico y la prensa especializada tildándola como la peor de las cuatro series marvelitas mientras que el elenco defendió el producto argumentando que era algo “apuntado hacia fanáticos”. Y aunque la primera controversia podría parecer algo bastante irrelevante, considerando el origen e historia del personaje, desgraciadamente el segundo conflicto deja a Marvel muy mal parado de cara al futuro.

La trama trata de presentarnos a Danny Rand, interpretado por Finn Jones, como un joven millonario que regresa a su ciudad de origen luego de haber sido presumido muerto junto a sus padres en un terrible accidente aéreo. El protagonista se encuentra con sus amigos de la infancia, Joy y Ward Meachum, Jessica Stroup y Tom Pelphrey respectivamente, quienes se han encargado del negocio familiar. Los hermanos descreen la loca historia de su amigo perdido que involucra el rescate por parte de monjes místicos, kung-fu milenario y el hecho de que ahora Danny es el Iron Fist, enemigo declarado de La Mano y ferviente protector de la ciudad mística de K’un-Lun. El protagonista deberá develar el misterio que esconde la familia Meachum detás del conglomerado corporativo que es la empresa Rand y cumplir la misión que tiene como Arma Viviente.

Ni el mejor escritor del mundo podría resumir en un párrafo la trama de la serie, ya que la cantidad de elementos con los que cuenta complejizan demasiado las idas y vueltas del Puño de Hierro. Los personajes parecen no atravesar una historia, sino que deambulan en círculos esperando llegar a destino, lo que provoca un argumento innecesariamente enredado y torpe en su ejecución. Nunca hay una respuesta clara sobre lo que significa ser un Iron Fist, los capítulos no tienen una estructura orgánica en donde los personajes se desarrollen naturalmente y sólo algunos personajes cuentan con un papel y arco argumental claro.

Iron Fist es un claro ejemplo. Siendo un personaje difícil de adaptar, no sólo por su contexto místico oriental, sino por la historia y baggage que lleva en sus espaldas. El Danny Rand de los comics pasó por un largo tiempo de evolución para ser el personaje que aparece en las viñetas de hoy en día, y trasladar todos los aspectos coyunturales y populares de su personalidad a la pantalla es un gran desafío. Uno que le salió bastante mal a Scott Buck, quien traduce a Danny como un niño víctima de su propio entorno, siendo engañado y traicionado constantemente para terminar dudando de todo lo que le rodea. Un planteo que, si bien suena correcto, falla en la ejecución dejando al televidente aún más perdido que el protagonista y con un Finn Jones que hace lo que puede, pero que no termina siendo suficiente.

El cast secundario también se siente vacío gracias a un mediocre empate entre caracterización y actuación. Las subtramas de negocios y conspiraciones entre los Meachum son los puntos más bajos de la serie, aunque el talento de Jessica Stroup de a momentos se deja ver sólo para después ser opacado por la blandez de Tom Pelphrey. David Wenham es un gran actor y su potencial se nota, pero la construcción de Harold Meachum no es suficiente como para codearse con otros villanos de la editorial en Netflix. La más versátil del cast resulta ser Jessica Henwick, con una Colleen Wing que se gana poco a poco el cariño y respeto del público. También se hace presente Rosario Dawson como Claire Temple, que trae consigo una calidad actoral que resulta en una luz de esperanza para la audiencia.

La serie tarda en encontrar su ritmo, pero cuando lo hace tampoco es que sea uno excelente, sólo se vuelve una serie correcta, como si lo que sucede a partir del cuarto capítulo debería haber sido lo que primero se ve. Sufre del mismo mal que atosigó a la segunda temporada de Daredevil, con un argumento que parece fragmentado y no consigue una cohesión narrativa que la sostenga. Pero, mientras que el Diablo de Hell´s Kitchen se pudo sostener gracias a grandes caracterizaciones y un buen desarrollo de personajes, esta Arma Viviente no tiene mucho donde apoyarse. Aunque dentro de todo, es una realidad que la calidad de la serie aumenta considerablemente en el momento de las peleas y las vueltas dramáticas del guion.

Esta calidad se consigue en parte gracias a las escenas de acción, las cuales tienen sus momentos. No se puede decir que son malas, para nada, sólo es que a veces los elementos de coreografía, edición y ejecución por parte de los actores están en disonancia. A veces el público será testigo de golpes que carecen de fuerza, saltos  torpes y patadas sin esfuerzo. Esto es algo comun en series de televisión, donde el presupuesto a veces no alcanza para peleas a mano limpia espectacularmente filmadas, pero esto es Iron Fist, el personaje demanda un cuidado especial en las contiendas de artes marciales. Se nota que la dirección de las peleas es una mezcla entre escenas de acción norteamericanas típicas y cine oriental de artes marciales, lo cual no es una decisión mala de por sí, sino que es una lástima que el producto final se sienta algo tibio gracias a la carencia de una sólida dirección.

En papel, la historia de Danny Rand no podría sonar más interesante, un nene rico se hace experto en artes marciales para cobrar venganza del asesino de sus padres. Sí, es verdad que no es exactamente así, pero por lo menos este tratamiento hubiese sido menos rebuscado y más directo que la ensalada de tramas, traiciones y conceptos que es Marvel´s Iron Fist. Entretiene por momentos, hay guiños para fanáticos y labura con temáticas interesantes. Pero el enrevesado y poco inspirado guion, las actuaciones tibias y la falta de una idea sólida que dirija el producto hacen que la conversión a televisión del héroe setentoso sea aburrida y mediocre.

Por Gonza Solanot

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