Trainspotting 2: ¡Qué viva la nostalgia!

Por Christian Rivero - 3 marzo, 2017

La secuela del hit británico, ¿estará a la altura de su predecesora?

Allá por el 2013, a Danny Boyle se le había ocurrido revivir la historia cinematográfica del grupo de amigos heroinómanos de Edimburgo basándose en su secuela literaria: Porno (2002). Un par de años después, tras reunirse con Irvin Welsh y convencer a todo elenco principal, la idea se hizo realidad, Trainspotting 2: La vida en el abismo finalmente llegó a los cines.

Las segundas partes jamás fueron recomendables y bien vistas por las audiencias, mucho menos si tu película marcó a una generación entera en los años 90 a tal punto que tenés un guión y un soundtrack que nunca murieron a lo largo de todos estos años. Pese a tener todo esto en contra, Boyle, director de éxitos como Slumdog Millionaire y 127 Horas, decidió ir a por todo el reconocimiento y romper esta racha desfavorable de malas segundas partes en las películas de culto.

Como si no hubieran pasado 20 años desde la escena en la que Renton escapaba con el dinero de sus amigos entre sonrisas pícaras y reflexiones acerca de la esencia humana, Trainspotting 2: La vida en el abismo comienza manteniendo la misma fuerza que la primera entrega. Esta vez con una intro compuesta por imágenes que ponen en contexto sobre el mundo actual mientras suena el característico synth pop británico. Totalmente a la deriva, Renton (Ewan McGregor) decide volver a su Edimburgo natal, consciente de la manera en la cual la abandonó hace dos décadas, regresa a saludar a sus viejos “amigos”, uno por uno y es recibido de manera particular por parte de cada uno de ellos: Spud (Ewen Bremner), Sick Boy (Jonny Lee Miller) y Begbie (Robert Carlyle). Renton debe ganarse la vida con algo para no tener que volver a su departamento de Amsterdam, por lo cual es seducido por un negocio clandestino que montó Sick Boy a lo largo de los últimos años que incluye cintas de videos porno y extorsiones a grandes empresarios del país. El último ingrediente y posiblemente el que termine de darle el tinte atractivo a la secuela, es la venganza que Begbie juró desde el día en el cual Renton se fue con su parte del dinero, por lo que aparecerá como un claro villano en el desarrollo de la historia.

La película contiene bastantes guiños a la primera entrega, lo cual no está nada mal, pero de a momentos se percibe un poco el abuso del recurso. Con John Hodge nuevamente al mando del guión este film no podía fallar, y no lo hace nunca de hecho. Con seguridad, no debe haber existido tarea más ardua para la realización de esta película que la adaptación de los personajes y sus personalidades a la actualidad, pero Hogde lo hace parecer un trámite y sin dudas este es el punto más fuerte de la secuela, más específicamente cuando Renton salta a la cancha con un nuevo monólogo sobre “choose life”. Otro punto a destacar es la fotografía, Anthony Dod Mantle de nuevo regala los planos más lisérgicos y descriptivos sobre esta segunda parte que va de la mano con una Edimburgo  más colorida, con más ritmo, más vida y sobre todo más moderna, un recorrido por uno de los sitios más paisajísticamente atrapante del mundo.  Trainspotting 2 propone un viaje de reencuentro por a actualidad de aquel grupo de jóvenes adictos que  20 años atrás corrían de la policía y de los cuales tanto se ha preguntado el público qué habrá sido de sus vidas. Claramente invade las nostalgia de a ratos y el miedo a estar viendo otro fiasco disfrazado de segunda parte, pero no es así de ninguna manera, buen trabajo de Danny Boyle y sus chicos de Edimburgo. 

Por Christian Rivero

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