Paper Girls Vol.1: Las apariencias engañan

Por Germán Perrotta - 17 julio, 2017

Vórtices en el cielo, caballeros espaciales y una posible guerra entre adultos y adolescentes.

El nuevo comic del guionista Brian K. Vaughan (Y: The Last Man, Ex Machina, Saga, The Private Eye,) junto al artista Cliff Chiang (Green Arrow/Black Canary, Wonder Woman) y el colorista Matt Wilson (Wonder Woman, Young Avengers, The Wicked + The Divine), son los encargados de contar una historia ochentosa en el estilo de películas como E.T., Monster Squad o It. Sin embargo, no busca utilizar el aspecto nostálgico como base sino como un recurso, en oposición a lo que sucede en Stranger Things, el éxito más reciente de Netflix.

Todo empieza con una pesadilla espectacularmente terrorífica y hermosa a la vez, con una manzana y un personaje que se puede tomar como un guiño al Prince Robot IV de Saga. La víctima es Erin Tieng, una chica de 12 años que se despierta para repartir diarios durante la madrugada del 1 de noviembre del año 1988 en los suburbios de Ohio.

Su día horrible sigue al cruzarse con unos adolescentes violentos disfrazados para Halloween que intentan abusar de ella, con Freddy Krueger como cabecilla de la bandita de idiotas. En ese momento es cuando el resto de las chicas, MacKenzie, KJ y Tiffany acuden a su rescate. Después de repartirse sus rutas y sus walkie talkies, deciden separarse en caso de encontrarse con más giles rondando en el barrio; Erin y Mac por un lado y KJ y Tiffany por otro. Lo que ellas no sabían era que esos pibes iban a ser la menor de sus preocupaciones durante ese día. En el transcurso del primer número todo parece indicar que una invasión extraterrestre está por comenzar. Pero si hay algo que caracteriza al escritor son los giros argumentales y al final del primer número hay uno que nadie se espera. Vaughan sigue siendo el puto amo.

Las repartidoras de diarios tienen personalidades y aspectos físicos fácilmente diferenciables. Erin nunca rompe las reglas y es la más seria de todas además de ser la nueva del grupo. Es la que más desarrollo tiene en este primer volumen junto a Mac, que es la otra cara de la moneda. Ella es la primera repartidora de diarios del barrio, la peleadora que va al frente siempre para defender a aquellas personas que le importan, es la líder. Las que no ocupan tanto tiempo como para saber un poco más son KJ, que parece ser la que la única que practica deportes del grupo y Tiffany, que después de sufrir una experiencia traumática en esa madrugada, promete no desperdiciar el resto de su vida jugando al Arkanoid.

Paper Girls bicis

Está clarísimo que a Vaughan lo fascina todo lo relacionado a los avances tecnológicos, al lenguaje y a la política. Esto se nota desde el comic Ex Machina, donde su protagonista Michael Hundred, sufre un accidente y adquiere la habilidad de comunicarse con las máquinas, pasando por The Private Eye, donde internet “explota”, los secretos de las personas quedan al descubierto y como consecuencia se tornan ultra proteccionistas con respecto a sus identidades hasta llegar al punto de disfrazarse en la vida pública. Y Saga tampoco escapa a los aspectos políticos. Marko habitante del planeta Wreath habla en un idioma muy parecido al Esperanto, inventado por el polaco Ludwik Zamenhof. El lenguaje tenía como objetivo solucionar conflictos generados por la barrera idiomática debido a su carácter neutral y universal. Los nazis lo rechazaron y asesinaron a muchos de los que lo practicaban porque lo veían como una conspiración judía para debilitar los valores nacionales. Los soviéticos hicieron lo mismo durante los tiempos de Stalin, por considerarlo una lengua de espías e ir en contra del nacionalismo ruso.

Y esta obra no es la excepción a la regla, porque también tiene dos dialectos “nuevos”. Uno que parece una forma de “chino extraterrestre” a cargo de unos personajes que parecen ninjas y que si no fuera por el lenguaje corporal de los personajes en los dibujos, el lector quedaría medio desorientado. Y el otro, utilizado por otra facción que monta Quetzalcoatlus, se asemeja al inglés antigüo con el slang utilizado en la actualidad. Durante esas conversaciones, el letrista Jared Fletcher hace un trabajo estupendo al que no se le suele prestar atención usualmente. Con respecto al contexto político, sólo se menciona superficialmente a la “Guerra Fría” pero nunca se profundiza porque las chicas están perdidas con esos temas como lo estaría cualquiera a los 12 años.

El arte en este comic es maravilloso. La dupla de dibujante y colorista se vuelve a juntar después de Wonder Woman y acá vuelven a dejar la vida. Chiang captura la atmósfera y la esencia de los ‘80 en todos los aspectos. Hay un grado de detalle en cuanto a los peinados, la ropa, los autos que  transporta al lector a esa época aunque no la haya vivido. Pero cuando todo se va al carajo ese realismo queda de lado y pone toda la fantasía al servicio del lector. Sin embargo, lo que todos los buenos artistas tienen que saber hacer, al menos para quien escribe, es poder representar las emociones mediante los gestos faciales y el lenguaje corporal. Esa habilidad sumada a las demás, es la que consagra a Chiang como uno de los grosos del momento. Y qué decir de Wilson, quizás el mejor colorista en la actualidad. A diferencia de otros de sus trabajos, aquí sólo usa una paleta con distintas tonalidades de azules, rosas y púrpuras con toques de amarillo. Cada escena tiene un color distintivo para representar a la atmósfera del momento. Desde la noche azulosa en la que las chicas salen a repartir los diarios hasta el rosa más cálido que tiñe el cielo durante el comienzo de la invasión, algo que en un principio recuerda al rojo de Crisis en Tierras Infinitas. Su tarea es impresionante.

Quetzcoatals

Paper Girls es una historia “coming of age” que a simple vista podría ser acusada de estar súper explotada, una aventura de unos chicos que pelean contra fuerzas más poderosas a las que ellos podrían enfrentarse. Pero a través de lo que parecen pequeñas modificaciones que en realidad no lo son, como poner a cuatro chicas como personajes principales, los autores advierten al lector que no todo es lo que parece.

Por Germán Perrotta

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