[ELV] Soylent Green (1973)

Nos podemos distópicos para presentar una de las mejores películas de la década del setenta, protagonizada por Charlton Heston.

Si salimos del clásico trío de distopías conformado por 1984, Un mundo feliz y Fahrenheit 451 y miramos más allá podemos encontrar títulos por demás interesantes como El fin de la infancia de Arthur Clarke o Make Room! Make Room!, de Harry Harrison, cuya adaptación cinematográfica nos convoca este mes.

Corre el año 2022 y casi no quedan especies vegetales o animales en el planeta. Las ciudades están atestadas de gente y la sociedad se estratifica en dos grandes segmentos: unos pocos que viven muy bien y muchos que viven muy mal, hacinados en calles e iglesias. Así como en Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2013) los pobres del último vagón se alimentaban con barras de proteínas entregadas sistemáticamente por las autoridades, aquí la población se ve obligada a consumir unas tabletas sintéticas y adictivas llamadas soylents (de soy –soja– y lentils –lentejas–) de tres variedades: roja, amarilla y la más reciente de color verde, hecha de algas y plancton. El paralelismo con Snowpiercer no es casual, ya que en ambas películas hay una revelación significativa en torno al alimento.

Podría decirse que Soylent Green comparte características con nuestra última entrega de El lado vintage: Detour. En ambas se respira un aire de fatalidad que ubica a Soylent… como un híbrido entre la ciencia ficción y el policial negro. La acción se dispara cuando William Simonson, un ejecutivo de la monopólica Corporación Soylent es asesinado, y la investigación del crimen se le asigna al detective Robert Thorn (Charlton Heston), policía cínico y duro como la espina a la que alude su apellido.

Thorn vive con su anciano amigo “Sol” Roth (Edward G. Robinson), ex profesor y actual ayudante, con quien conformará un dúo que será uno de los puntos altos del film. Aunque compartan el hogar, provienen de mundos distintos. “Sol” ha llegado a conocer el mundo de la biodiversidad, un cosmos anterior a la debacle ecológica y el calentamiento global resultante de la evolución científico-tecnológica de la humanidad. Un mundo en el que la superpoblación era un miedo lejano y bastaba con ir de compras para conseguir alimento. Thorn no ha conocido ese pasado y si accede a alguno de los artículos de lujo, como la carne y la verdura, se debe a que, durante el lapso que dura la investigación, puede asomarse al mundo de los ricos. El departamento del difunto Simonson tiene todos los chiches y viene con una mujer, Shirl (Leigh Taylor-Young) que forma parte del mobiliario y se encuentra angustiada por no saber si el próximo dueño del departamento decidirá quedarse con ella o echarla a la calle como un mueble viejo.

La leyenda “Tuesday is Soylent Green Day” anuncia cuándo se repartirán las tabletas (se dice que la banda punk Green Day se llama así en honor a esta peli) pero un martes se corre el rumor de que hay faltante de soylents, por lo que la población empieza a desesperarse y la represión no tarda en llegar. Esta escena es la que hace de Soylent Green una película que excede la ciencia ficción y el policial negro para formar parte de lo que conocemos como cine político. La idea de futuro que presentan Richard Fleischer, el director, y Stanley Greenberg, el guionista, es opresiva. Futuro no implica evolución, ni siquiera progreso, pues la tecnología a la que puede acceder el grueso de la población es obsoleta. La fotografía de Richard Kline se encarga de despojar de belleza incluso los interiores lujosos de los pudientes. Hay una bruma que recorre la ciudad, omnipresente, similar a las nubes de smog que se observan actualmente en ciudades como Santiago de Chile o Ciudad de México.

Uno de los momentos más potentes de Soylent Green es aquel en el que “Sol” decide terminar con su vida. No necesita cortarse las venas ya que para hacerle frente a la superpoblación los ancianos son invitados a optar por la eutanasia. Solo deben acceder un centro especializado llamado El Hogar donde ven proyectada en una pantalla imágenes de la naturaleza mientras suena música clásica. Un rito final con mucho de anestesia y superficialidad. La muerte de “Sol” es la de los valores del pasado y es aun más emotiva ya que Edward Robinson estaba enfermo al momento del rodaje. Las lágrimas de Charlton Heston son reales, pues sabía que Robinson moriría de cáncer en las próximas semanas, que Soylent Green sería su última película y que no estaría allí el día de su estreno.

Sin ánimos de develar su brutal final, Cuando el destino nos alcance (título con el que se la conoció en Argentina) retrata como pocas aquella frase popularizada por Thomas Hobbes que dice que el hombre es el lobo del hombre, o peor aún, que el cuerpo de los pobres es el opio de las masas.

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  • hernan4429

    Muy buena review. Recuerdo que mi viejo me había contado de qué trataba cuanto yo tenía unos 11 años, así que cuando la vi de grande ya sabía el final, jaja. Aún así, excelente película. A propósito de la ciencia ficción setentosa, recomiendo “THX 1138” y “The Andromeda Strain”.-